Archivio mensile:luglio 2012

Estratto dal capitolo 5 di And Another Thing…, di Eoin Colfer

Anything can be real. Every imaginable thing is happening somewhere along the dimensional axis. These things happen a billion times over with exactly the same outcome and no one learns anything. Whatever a person can think, imagine, wish for, or believe has already come to pass. Dreams come true all the time, just not for the dreamers.
Think of something crazy, or if that’s too taxing just throw random adjectives and nouns together.
Indignant seaweed? No problem: the resentful hijiki of Damogran. The hijiki strands, acerbated by shoals of triple stripe yellowheads casually nudging them aside to nibble on the tender coral polyps, banded together and wove themselves into an impenetrable barrier, separating the reef from the fish. The knock-on effect of this was that the reef became sterile and died. The hijiki had tied themselves too tightly to disband and perished along with the hated yellowheads.
How about murderous clowns? Too easy. Add in a vegetable obsession. Type that into your Hitchhiker’s Guide v-board and you will get over a million hits, the top one being the story of Bling & Blong of Circus Minimus, two tiny clowns who both fell in love with Gerda the Amazing Cucumber Lady. After months of feuding, Bling loaded a custard pie with acid and melted his little brother during the matinee. Gerda belonged to him, but so distracted was he by guilt that one evening he accidentally ate his fiancée and choked to death himself on the engagement ring.
How about this one? How about an ex-two-headed President of the Galaxy who bought a tiny tropical planet from the Magratheans at a knockdown price then sold it to rich Earthlings so they could live on in comfort after their planet had been destroyed?
How crazy would that be?

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Estratto da Cien años de soledad, di Gabriel García Márquez

Pocas horas después, estragado por la vigilia, entró en el taller de Aureliano y le preguntò: «¿Qué día es hoy?» Aureliano le contestó que era martes. «Eso mismo pensaba yo», dijo José Arcadio Buendía. «Pero de pronto me he dado cuenta de que sigue siendo lunes, como ayer. Mira el cielo, mira las paredes, mira las begonias. También hoy es lunes.» Acostumbrado a sus manías, Aurealiano no le hizo caso. Al día siguiente, miércoles, José Arcadio Buendía volvió al taller. «Esto es un desastre -dijo-. Mira el aire, oye el zumbido del sol, igual que ayer y antier. También hoy es lunes.» (…) Pasó seis horas examinando las cosas, tratando de encontrar una diferencia con el aspecto que tuvieron el día anterior, pendiente de descubrir en ellas algún cambio que revelara el transcurso del tiempo. (…) El viernes, antes de que se levantara nadie, volvió a vigilar la apariencia de la naturaleza, hasta que no tuvo la menor duda de que seguía siendo lunes.

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Citazioni varie da film

Learned judges, my case is simple. It is based on our first article of faith. That the almighty created the ape in his own image. That he gave him a soul and a mind. That he set him apart from the beasts of the jungle and made him the lord of the planet. These sacred truths are self-evident. The proper study of apes is apes. But certain young cynics have chosen to study man. Yes! Perverted scientists who advance an insidious theory called evolution.

Egregi giudici, la mia tesi è semplice. Si basa sul nostro primo articolo di fede. Che l’onnipotente ha creato la scimmia a propria immagine. Che le ha dato un’anima e una mente. Che l’ha separata dalle altre bestie della giungla e l’ha resa signora del pianeta. Queste sacre verità sono auto-evidenti. L’oggetto di studio delle scimmie devono essere le scimmie. Ma alcuni giovani cinici hanno deciso di studiare l’uomo. Sì! Scienziati depravati che avanzano una teoria insidiosa chiamata evoluzione.

(Planet of the Apes, Franklin J. Schaffner, 1968)

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Estratto dal capitolo 25 di Sombra de la sombra, di Paco Ignacio Taibo II

Él pensaba, recordando, en aquella mujer vestida de tul rosa, con una pamela en la cabeza, jugando con los pies descalzos contra la resaca, hundiendo en la arena los dedos, pintadas las uñas de un rojo brillante, que el mar deslavaba. Pensaba en el tul que se mecía en los vaivenes de la mujer, y cómo ella cantaba una canción, una tonada, mientras dejaba que los tirantes de tul rosa se deslizaran sobre sus hombros para dejar los pechos blancos al descubierto. Él también recordaba las palmeras y el atardecer, el sol que se iba escondiendo tras las torres de la refinería de la Huasteca Petroleum Company. Y todo esto lo asociaba en la memoria con una canción que estaba de moda en aquellos días y que había escuchado por primera vez en boca de un borracho: «Tampico hermoso, puerto tropical/ tú eres la gloria de todo nuestro país/ y por doquiera yo de ti me he de acordar, me he de acordar.» Y él se acordaba. Y pensaba que la memoria de los hombres es un juego de idiotas creado por dioses ociosos.
La mujer se llamaba Greta; ella se llamaba a sí misma Greta, y tenía una pamela blanca, a la que le había quitado un tul porque estaba raído. Le echaba la culpa al calor. Él no le echaba la culpa al calor. Le gustaba el calor pegajoso, el sol brillante que lastimaba la piel, la sudaba, la secaba. Ella se mató con arsénico. Meticulosamente destiló diez papeles matamosca para conseguir el contenido de la copa suicida. Como buena alemana rigurosa, precisa. Él nunca se suicidaría. Pero ella sí. Y ahora sólo quedaba el recuerdo de la mujer en la playa, al atardecer, mojándose los pies en el mar, dejando caer la parte superior del vestido de tul rosa para que sus dos enormes pechos blancos fueran tocados por el último sol de aquella tarde. Todo ello mezclado con una canción patriotera que hablaba de la gloria de Tampico.

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